Platanero no tan borde (tercer borrador)

*Este pequeño relato lo escribí hará ya unos dos años (!). Hoy le he dado un pequeño repaso, y creo que ya está practicante listo. Lo dejaré aquí en reposo durante un breve tiempo, y lo corregiré una vez más (la última espero).

 

Platanero no tan borde

Con los codos en la mesa y la cabeza apoyada en las manos a modo de jarra (o más bien de copa), sigo mirando a un puñado de folios esparcidos sobre esta. La silla ya hace rato que se me hace incómoda, áspera al tacto, dura. Los folios, que desde siempre me han parecido unos fantásticos aliados, hoy se me antojan rebeldes, demasiado blancos, de un blanco nuclear. Son lo guardianes del NO. Parecen decir hoy no escribirás, Frank; es lo que hay. Son poderosos, perfectos, alejados de mí. Me supongo que así se sienten los demás cuando les llega el temible y verdadero bloqueo. Sonrío resignado y me consuelo al pensar que a mí pocas veces me sucede, que no hay nada que temer. ¿Verdad? En fin, que yo estoy bien. Seguro. A mí, los guardianes del NO, casi siempre me dicen que sí y se muestran muy colaboradores.  Pocas veces no he podido escribir en el mismo momento que he decidido hacerlo. Entonces, ¿por qué me siento así? Creo que no es por esto. No. Es la casa. Sí. Vivir en esta casa ya hace tiempo que me aburre, incluso hay veces que me asquea. Se me cae encima. Demonios, tengo que mudarme ya. Pero no es culpa suya, claro; yo soy el único responsable. Ella solo está intoxicada con mis mierdas. Yo y mis errores del pasado. Y espero, por la cuenta que me trae, haber aprendido de algunos de ellos.

Bebo un sorbo de té y dejo la taza en una esquina de la mesa. Putos folios. Creo que voy a cambiarme a la cerveza. Me inclino en la silla hacia atrás con las manos entrecruzadas en la nuca, y me estiro mirando al techo. También es blanco y enorme y vacío. Hoy todo parece vacío. Algunos escritores acabaron muy mal por abusar del alcohol. Miro los folios otra vez y suspiro. Por hoy creo que lo voy a dejar. Es mejor así. Pero entonces oigo una vocecita, suave, casi imperceptible, que me llama. Miro detrás de mí, pero sigo estando solo. Pero la pequeña voz insiste y me llama de nuevo: estoy aquí afuera, me dice. Me levanto y me voy hacia la ventana. Sigo sin ver a nadie. Solo están los árboles y el viento jugando con sus hojas. Soy yo, Frank. En la acera de enfrente hay una hilera de árboles, todos plataneros sombra, o plataneros bordes como los conocen algunos. Y uno de ellos, justo el que tengo delante, está demasiado inclinado, como si quisiera cruzar la acera con su copa. Sí, soy yo, insiste. El árbol parece estar observándome, y siento un pequeño escalofrío.

Miro al árbol fijamente.

—Ayúdame, Frank—. Vale, es él seguro.

Lo miro entornando un poco los ojos, al tiempo que me asomo demasiado por la ventana.

—Disculpa… —digo en un susurro y casi sin mover los labios— ¿Qué te ayude a qué?—Bueno, con mi historial pocas cosas me extrañan ya.

—A viajar.

—¿A viajar? —preguntó sentándome de nuevo en la silla— Pero eres un árbol…

—¿Y? Que tú no viajes no quiere decir que los demás no puedan hacerlo, Frank.

—Tienes razón, disculpa. ¿Y cómo puedo ayudarte yo? —Ahora solo veo su copa, pero me siento muy cercano a él.

El árbol no dice nada, pero los folios esparcidos en la mesa parecen mirarme. Los guardianes parecen inquietos.

—Vale, ya comprendo. Y dime, ¿a dónde te gustaría ir?

—A Marte.

—¿A Marte? —digo sonriendo y con los ojos bien abiertos.

—Sí.

—Vaya. Pensé que elegirías cualquier otro lugar… de la Tierra.

—No. Quiero ser el primero en visitar otros mundos. Primero Marte y luego el resto del Sistema Solar—. El platanero parece estar más inclinado aún, dibujando así un arco enorme. Si alguien lo mirara desde bajo seguramente se sorprendería.

—De acuerdo. A Marte entonces. Por cierto, ¿tienes nombre?

—Puedes llamarme Mike.

—Encantado de conocerte, Mike.

—Igualmente, Frank.

Reuní rápidamente los folios mientras sentía como si una corriente eléctrica recorriera mi cuerpo. Miré a Mike sonriendo, y creo que él también lo hacía a su modo. Algunas de sus hojas estaban ya casi entrando por mi ventana. Cogí el bolígrafo naranja y me dejé fluir.

“Mike, un platanero sombra, observa a la Curiosity avanzar, y como esta va dejando en el terreno anaranjado un par de pequeños surcos a su paso. Se mueve lentamente, pero con una gran determinación. Se le ve muy afanada mientras Mike se pregunta divertido si acaso no reparará  pronto en él. Se imagina las caras de los humanos allí abajo, su reacción al otro lado de las cámaras desde la Tierra, todos con las bocas muy abiertas declarando haber descubierto vida extraterrestre. ¡Hay vida en Marte!, ¡Y se parece increíblemente a la terrestre! rezarían a las pocas horas los titulares en internet. Bueno, espero que lo haga rápido, piensa Mike, ya que pronto partiré a Saturno…”

Sigo escribiendo sin poder apartar la vista del papel mientras noto una leve caricia en el rostro.

Muchas gracias, susurro, mientras sonrío.

 

**Me apunto que se me ha escapado un párrafo en pasado.

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Mezcla explosiva (relato -último borrador)

Mezcla explosiva

Estaba solo en la sala de descanso tomándome una bebida energética cuando llegaron algunos de mis compañeros de trabajo. Empecé a comerme los cacahuetes.

―Hola, Frank ―me dijo Susan. Ella estaba embarazada y yo pensaba que podía comunicarme telepáticamente con su hijo. Sí, a veces creo que estoy un poco loco, pero estoy casi seguro de que esta vez no son voces en mi cabeza. Ese niño es el enviado del mal y tiene una importante misión para mí. Esta teoría empezó siendo una broma entre mi sobrino Sam, Susan y yo; y ahora estoy ligeramente obsesionado con el tema.

―¿Qué haces tomando cacahuetes con Monster, tío? ―me preguntó Dan.

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(Relato) Descuida, ya me ocupo yo

Bueno, ya estoy aquí de nuevo. Después de haber leído esta mañana un par de artículos de Gabriella, he decidido que ya es hora de publicar en mi blog. En esta ocasión voy a compartir con vosotros el relato Descuida, ya me ocupo yo. Relato que podréis encontrar también en mi primer librito: Fragmentos de Frank. Y lo hago por una razón específica: hace unos días hablé con una persona que había tenido el detalle de leerse Fragmentos de Frank y, después de asegurarme que le había gustado mucho el libro en general  (últimamente al que menos le gusta es a mí*), me hizo una pequeña confesión:

-Hay un relato que me ha gustado especialmente.

-Ah, ¿sí? ¿Cuál? -La emoción me recorría todo el cuerpo.

-Ese en el que el protagonista se mete en la mente de una chica para solucionar su grave problema.

-¿’Descuida, ya me ocupo yo’?

Ella quedó un momento pensativa, con los ojos mirando hacia arriba.

-Sí, ese. Terminé tu libro hace semanas y todavía lo tengo en la cabeza. Creo que no lo voy a olvidar en la vida.

 

Son estos momentos tan especiales los que me animan a seguir escribiendo. Muchas gracias, mi querida lectora anónima.

 

Descuida, ya me ocupo yo

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Un par de meses muy buenos

Estos dos últimos meses han sido muy productivos para mí, al menos en lo que se refiere al mundo de la escritura. Por un lado, mi cuento Venganza ha sido publicado en la nueva antología de los amigos de Valencia Escribe: El tiempo y la vida; y por otro, en Sinjania me hicieron una entrevista la mar de chula (¡Chulísima!): A veces se gana y a veces se aprende.

 

se-gana-se-aprende

Logo de la entrevista 🙂

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(Microrrelato) Muñeco de nieve

Muñeco de nieve

 

¿Sientes que algo nuevo crece dentro de ti? ¿No será acaso que te conformas con poder moverte un poco, solo un poco, como un pobre viejo, o con poder al menos arrastrarte? Tranquilo; si esperas con paciencia, algún niño te pondrá una bufanda alrededor del cuello.
¿Cómo? ¿Te preguntas de verdad qué te está pasando? ¿Percibes ahora lo que es, en realidad, el frío? ¿Acaso querrías beber del río de la sabiduría? ¿Seguro?
Enhorabuena: estás al fin vivo.

(Microrrelato) El descenso

El descenso

 

Tiemblo mientras vomito todo mi ser, a cuatro patas en el suelo ardiente. No puedo dejar de llorar, mientras padezco un dolor indescriptible en mi alma y en todo mi cuerpo. Mi cabeza está llena de pensamientos débiles, terribles, desesperantes. Siento impotente como se desgarran y se descomponen las fibras y órganos de todo mi cuerpo. Porciones de mí se desprenden y caen en la roca, fundiéndose así con ella. Mis tripas crepitan al contacto con la superficie agrietada por la lava. Y todo lo caído se reemplaza rápidamente por pedazos de piedra y metal; materia emergente que se eleva y empieza a recubrir mis huesos cansados.

Ya completo, levanto la vista y más abajo los veo: seres inmundos que se desplazan, mientras arden, sin sentido aparente. Quiero odiarlos, pero ya están muertos; a ellos no parece importarles. Ya no existe en mí el miedo, la ira o el desprecio, aunque más allá del horizonte todo siga pareciendo rojo y negro.

Me yergo, renacido, y todos se detienen. Me miran mientras siguen ardiendo. Ahora ellos forman parte de mi nuevo ejército. Y mis alas destrozadas no volverán a crecer nunca más.

Libros leídos durante el primer semestre de 2015

Inspirado en un artículo (que no encuentro ahora mismo. Link) de Gabriella Campbell, he confeccionado un pequeño listado de los libros leídos por un servidor durante la primera mitad de este presente año. Al lío:

 

Lecturas del primer semestre del 2015:

La huella del maestro (Susan Trott). La palabra que me viene al pensar en este libro es suave. Dependiendo de la situación personal de cada uno en el momento de la lectura, se puede extraer sutiles enseñanzas de este pequeño libro.

Elantris (Brandon Sanderson). Cuarto libro que me he leído de Sanderson, después de trilogía de los Nacidos de la Bruma. Orson Scott Card menciona que se trata de la novela de fantasía más bella que se escribirá en muchos años, y puede que tenga la razón.

El alquimista (Paulo Coelho). En cierta ocasión le escuché decir a Will Smith que se trataba de su libro favorito, o uno de ellos. Decidí darle una oportunidad y no me defraudó en absoluto. Al margen de las creencias personales (esto quizás es un pleonasmo) de Coelho, se trata de un libro muy recomendable. Al menos desde mi punto de vista.

Juan Salvador Gaviota (Richard Bach). Leedlo y punto (bueno, sí queréis). Sigue leyendo