(Relato) Descuida, ya me ocupo yo

Bueno, ya estoy aquí de nuevo. Después de haber leído esta mañana un par de artículos de Gabriella, he decidido que ya es hora de publicar en mi blog. En esta ocasión voy a compartir con vosotros el relato Descuida, ya me ocupo yo. Relato que podréis encontrar también en mi primer librito: Fragmentos de Frank. Y lo hago por una razón específica: hace unos días hablé con una persona que había tenido el detalle de leerse Fragmentos de Frank y, después de asegurarme que le había gustado mucho el libro en general  (últimamente al que menos le gusta es a mí*), me hizo una pequeña confesión:

-Hay un relato que me ha gustado especialmente.

-Ah, ¿sí? ¿Cuál? -La emoción me recorría todo el cuerpo.

-Ese en el que el protagonista se mete en la mente de una chica para solucionar su grave problema.

-¿’Descuida, ya me ocupo yo’?

Ella quedó un momento pensativa, con los ojos mirando hacia arriba.

-Sí, ese. Terminé tu libro hace semanas y todavía lo tengo en la cabeza. Creo que no lo voy a olvidar en la vida.

 

Son estos momentos tan especiales los que me animan a seguir escribiendo. Muchas gracias, mi querida lectora anónima.

 

Descuida, ya me ocupo yo

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(Microrrelato) Muñeco de nieve

Muñeco de nieve

 

¿Sientes que algo nuevo crece dentro de ti? ¿No será acaso que te conformas con poder moverte un poco, solo un poco, como un pobre viejo, o con poder al menos arrastrarte? Tranquilo; si esperas con paciencia, algún niño te pondrá una bufanda alrededor del cuello.
¿Cómo? ¿Te preguntas de verdad qué te está pasando? ¿Percibes ahora lo que es, en realidad, el frío? ¿Acaso querrías beber del río de la sabiduría? ¿Seguro?
Enhorabuena: estás al fin vivo.

(Microrrelato) El descenso

El descenso

 

Tiemblo mientras vomito todo mi ser, a cuatro patas en el suelo ardiente. No puedo dejar de llorar, mientras padezco un dolor indescriptible en mi alma y en todo mi cuerpo. Mi cabeza está llena de pensamientos débiles, terribles, desesperantes. Siento impotente como se desgarran y se descomponen las fibras y órganos de todo mi cuerpo. Porciones de mí se desprenden y caen en la roca, fundiéndose así con ella. Mis tripas crepitan al contacto con la superficie agrietada por la lava. Y todo lo caído se reemplaza rápidamente por pedazos de piedra y metal; materia emergente que se eleva y empieza a recubrir mis huesos cansados.

Ya completo, levanto la vista y más abajo los veo: seres inmundos que se desplazan, mientras arden, sin sentido aparente. Quiero odiarlos, pero ya están muertos; a ellos no parece importarles. Ya no existe en mí el miedo, la ira o el desprecio, aunque más allá del horizonte todo siga pareciendo rojo y negro.

Me yergo, renacido, y todos se detienen. Me miran mientras siguen ardiendo. Ahora ellos forman parte de mi nuevo ejército. Y mis alas destrozadas no volverán a crecer nunca más.

(Relato) Mala historia es esta

Mala historia es esta es un relato perteneciente a Fragmentos de Frank (mi primer libro de relatos de próxima publicación). Creo que, con la excepción de algún que otro microrrelato, este es el primer cuento corregido (profesionalmente) que subo al blog; los demás suelen aparecer en formato borrador (¿me podía la impaciencia?).

Espero que lo disfruitéis.

 

Mala historia es esta 

Hoy va a ser un gran día, lo presiento. Aun con el sueño que tengo, aun notando cómo me pesan los párpados, me siento feliz y radiante. Me dirijo a un establecimiento de comidas para llevar; estoy de vacaciones y no me apetece cocinar. Sonriendo, cruzo de una calle a otra buscando el sol: ni el invierno, ni el hecho de que hoy sea martes y trece, pueden conmigo.

Por suerte no hay mucha gente en la cola y salgo pronto, bolsa en mano, con mi paella y ensalada. De camino a casa, me paro un momento a ver el escaparate de una tienda de segunda mano. Me llama la atención un buen montón de libros que se pueden ver en una de las estanterías interiores. La de gangas que he conseguido yo en este tipo de sitios. Después de mirar distraído el escaparate, decido entrar. Que la dependienta ofrezca una visión increíble, con un generoso escote, no tiene nada que ver.

―Buenos días ―digo sonriendo y casi canturreando.

―Buenos días ―me contesta ella con una sonrisa.

―Voy a echar un vistazo ―le digo mientras pienso que me he vuelto a enamorar. Sigue leyendo