Mezcla explosiva (relato -último borrador)

Mezcla explosiva

Estaba solo en la sala de descanso tomándome una bebida energética cuando llegaron algunos de mis compañeros de trabajo. Empecé a comerme los cacahuetes.

―Hola, Frank ―me dijo Susan. Ella estaba embarazada y yo pensaba que podía comunicarme telepáticamente con su hijo. Sí, a veces creo que estoy un poco loco, pero estoy casi seguro de que esta vez no son voces en mi cabeza. Ese niño es el enviado del mal y tiene una importante misión para mí. Esta teoría empezó siendo una broma entre mi sobrino Sam, Susan y yo; y ahora estoy ligeramente obsesionado con el tema.

―¿Qué haces tomando cacahuetes con Monster, tío? ―me preguntó Dan.

―Estoy comprobando cierta información, y, ya de paso, descartando que no sea un leyenda urbana.

―¿Qué información? ―preguntó al tiempo que enarcaba una ceja y sonreía con su espesa barba.

―He leído en internet que mezclar Monster con cacahuetes provoca leves alucinaciones. Si fuera verdad sería cojonudo para escribir historias alocadas.

―Ten cuidado con lo que lees en internet; la gente está muy zumbada.

―Ya, ya. Lo tengo todo controlado.

Susan me miraba inconmovible.

―Es el alimento del futuro ―añadió Easton, un compañero de la sección administrativa.

Seguí comiendo cacahuetes mientras los demás empezaron a hablar de las diferentes teorías conspirativas que circulaban por la red.

―Que aproveche ―dijo Gill mientras entraba en la sala.

―Gracias.

―Gracias, Gill.

Gill abrió la nevera y el olor le envió medio metro para atrás.

―¡Joder, que peste!¿No habían limpiado la semana pasada la nevera?

―Eso dicen, pero me parece a mí que le pasaron un poco de limpiacristales y ya.

―Jajaja ―se rió tronando Dan. Parecía un puto Papa Noel oscuro.

―Yo ya he dicho tres o cuatro veces que si me dan un par de voluntarios la limpiamos en un par de horas.

―¿Un par de horas? Me parece a mí que tardaríais más ―comentó Gill. Luego miro mi almuerzo y añadió: ―Frank, ¿no te estarás mezclando el Monster con cacahuetes?

―Sí. No me digas que tú…

―Mierda, tío. ¿No sabes lo peligroso que es eso?

―Hombre, si así fuera lo indicaría en el bote, ¿no?

―Me voy a mear; ahora vengo ―sentenció mientras se marchaba.

―e330, e450, e225… ―Easton me había cogido el bote aprovechando el momento y estaba leyendo los ingredientes a buena voz. ―¡Es el alimento del futuro!

Yo refunfuñé para mis adentros mientras me levantaba. Abrí la puerta de la nevera y el olor me dio una buena bofetada.

―¡Joder! ―tosí varias veces sin soltar la puerta de la nevera. La cerré y abrí los ojos. ―Qué asco, joder. ―Me subí el cuello de la camiseta hasta la nariz y abrí la nevera de nuevo. Dentro había un par de plátanos ya negros del paso del tiempo; quizás llevarán más allí que yo en la empresa. En cada bandeja había un pequeño rastro de hongos y algunas bolsas que no invitaban a ser abiertas. Un plato contenía unas peras y unas cuantas habas, y fue de ahí de donde me pareció que salía una vocecita.

―Eh, pssst.

Miré a los demás y seguían hablando entre ellos, ajenos mis asuntos. Menos Susan, que seguía mirando hacia mí, con los ojos fijos y el rostro impasible. Le hice una ligera reverencia no sé muy bien porqué y volví al asunto de la nevera.

―Oye tío.

―Sí ―dije en voz baja. Empezaba a sentirme un poco mareado.

―¿Tienes un cigarro?

―Eh… no, lo siento.

―Acércate.

La nevera olía a horrores. Era el maldito infierno en mi nariz.

―Me parece que no…

―Os vamos a matar a todos.

Cerré la nevera de golpe con los ojos muy abiertos. La cabeza me daba vueltas. Susan estaba sonriendo mientras hablaba con Dan, pero en cuanto percibió mi mirada se giró y me observo de nuevo impasible. Era inmutable: como una especie de muñeca tenebrosa. Los demás no parecieron ser conscientes.

―Susan… ―le dije algo nervioso―. ¿Quieres una galleta?

―Claro ―me respondió sonriendo y como si no fuera la misma persona.

Luego, añadió:

―Es por estás cosa que tú serás el lugarteniente de mi hijo; bueno, tú y Sam ―dijo con un tono que parecía broma. Pero yo sé que no estaba bromeando y ella sabía que yo lo sabía.

―¿El qué? ―preguntó Gill.

Susan me miro de nuevo de esa forma.

―Ah… ―empecé a decir―. Tenemos la teoría de que el hijo de Susan será el nuevo eje del mal, y que acabará con buena parte de la humanidad.

―Sí ―dijo Susan―. Y Frank y Sam serán sus dos manos ejecutoras. De hecho, Frank ya tendría que estar haciendo una lista de sus conocidos con sus pros y contras, con lo que cada uno pudiera ofrecer, para saber si pasan la criba o no.

Ese comentario me hizo gracia y empecé a relajarme.

Cash llegó de hacer deporte y nos saludó a todos.

―Hola, Cash ―le dije.

Cash agarró la maneta de la nevera y yo vi pasar ante mis ojos mi vida entera a cámara lenta.

―Cash, será mejor que no… ―empecé a decir, pero ya era demasiado tarde.

Un brazo asomó hasta el codo del interior de la nevera de la muerte y agarró a Easton por las solapas cuando pasaba por ahí.

―¡Nooo!¡Socorro!

El brazo presentaba signos claros de descomposición. Parecía sacado de una peli de zombies de serie B, y olía peor que la mismísima nevera infernal.

―¡Suéltame, hijoputa! ―gritaba en vano Easton.

Gill, Cash y Dan intentaban cerrar la nevera con todas sus fuerzas. Yo estaba de pie mirando toda la escena, bloqueado por un miedo brutal. Susan miraba impasible.

―¡Socorro!¡Socorro! ―gritaba Easton.

Entonces Cash soltó la puerta de la nevera y, sin pensarlo dos veces, mordió aquel brazo zombie. Parecía una bestia agarrando su presa. Meneaba la cabeza, de un lado a otro, de manera frenética. Los papeles se invirtieron: ahora era el brazo el que luchaba por escapar.

―¡¡¡La muerte no es el final!!! ―gritó alguien desde afuera.

Cash le soltó y el brazo se metió, como un rayo, en la nevera.

―Zombies a mí ―dijo Cash sonriendo después de haber escupido al suelo un trozo de carne. De su boca emanaba una sustancia verde y viscosa.

―¡¿Pero qué haces?! ―le dijo Gill.

Cash dio un pequeño respingo. Luego, cogió un trozo de papel, y con él, recogió lentamente el trocito de carne del suelo y lo tiró a la papelera despacio, con toda la calma del mundo. Sonrió satisfecho.

―Menos mal ―dijo Gill―. Hay que pensar en la mujer de la limpieza, hombre.

―Tienes razón. No sé en qué estaba pensando. ―Volvió a sonreír.

¡Dios mío, Estamos todos locos!, pensé.

Cash se acercó ―demasiado― a mí e, inclinando la cabeza, me preguntó:

―Frank… ―Todavía tenía restos de ese algo en la comisura de la boca.

―¿Sí…?

―¿Me dejas 50 pavos?

―¿Qué…?

―¿Qué si me dejas 50 pavos?

―¡No, joder!

―Vale, vale.

Acto seguido se sentó con los demás y siguieron hablando de sus cosas. No me atreví a mirar a nadie a los ojos. De golpe, sentí como algo subía a todo gas por mi garganta. Me levanté corriendo y vomité en la misma papelera donde descansaba aquel trozo de brazo. Eche el desayuno y la cena del día anterior. Miré a los demás pero ellos seguían a lo suyo. Vomité de nuevo, y esta vez creo que fue la última merienda.

―¡Es el alimento del futuro! ―añadió Easton.

Me eché las manos a la cabeza ―literalmente― y salí corriendo de allí.

Me metí en el servicio y cerré por dentro. Me senté en el bidé y cerré los ojos por unos buenos tres minutos. Esto no está pasando, esto no está pasando, me repetía para intentar calmarme.

Al final, respirando hondo y cargándome de paciencia, conseguí calmarme.

Fui hacia la puerta y agarré el pestillo. Esperé un momento mientras pensaba que debía de dejar de hacer experimentos con determinadas sustancias. Concluí que estaba como una puta cabra. Respiré hondo de nuevo y abrí la puerta. Me dirigí a la sala de almuerzos con paso lento. Una vez allí, me tranquilizó ver a todo el mundo en un estado que parecía de lo más normal.

―Hey, Frank ―me dijeron a la vez.

Me senté intentando no mirar hacia la papelera.

Sonreí y dejé escapar un largo suspiro. Y, mientras apuntaba en un papel las posibles cualidades a tener en cuenta de mis compañeros de trabajo, una pequeña voz susurraba en mi cabeza. Me dije que nunca más volvería a hacer semejante mezcla.

―¡¡¡Perro-flautas de mierda!!!― gritó alguien desde afuera.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s