(Relato) Mala historia es esta

Mala historia es esta es un relato perteneciente a Fragmentos de Frank (mi primer libro de relatos de próxima publicación). Creo que, con la excepción de algún que otro microrrelato, este es el primer cuento corregido (profesionalmente) que subo al blog; los demás suelen aparecer en formato borrador (¿me podía la impaciencia?).

Espero que lo disfruitéis.

 

Mala historia es esta 

Hoy va a ser un gran día, lo presiento. Aun con el sueño que tengo, aun notando cómo me pesan los párpados, me siento feliz y radiante. Me dirijo a un establecimiento de comidas para llevar; estoy de vacaciones y no me apetece cocinar. Sonriendo, cruzo de una calle a otra buscando el sol: ni el invierno, ni el hecho de que hoy sea martes y trece, pueden conmigo.

Por suerte no hay mucha gente en la cola y salgo pronto, bolsa en mano, con mi paella y ensalada. De camino a casa, me paro un momento a ver el escaparate de una tienda de segunda mano. Me llama la atención un buen montón de libros que se pueden ver en una de las estanterías interiores. La de gangas que he conseguido yo en este tipo de sitios. Después de mirar distraído el escaparate, decido entrar. Que la dependienta ofrezca una visión increíble, con un generoso escote, no tiene nada que ver.

―Buenos días ―digo sonriendo y casi canturreando.

―Buenos días ―me contesta ella con una sonrisa.

―Voy a echar un vistazo ―le digo mientras pienso que me he vuelto a enamorar.

La tienda parece mucho más grande desde dentro. Varias hileras de estanterías viejas almacenan todo tipo de objetos: desde monitores amarillentos de ordenador, hasta batidoras ligeramente oxidadas. Pero yo persigo otro tipo de cosas: libros. Soy un devorador de historias. Tras un reconocimiento del lugar y su contenido, me centro en el estante de los libros. Casi todos están en pésimas condiciones, pero estoy resuelto a encontrar al menos uno que llevarme a casa. Después de revisar algunos anaqueles, me llega la recompensa: encuentro un ejemplar bonito de Un mundo feliz. Tras revisarlo concienzudamente, me lo guardo debajo del brazo, feliz por mi hallazgo. Miro a la dependienta y ella parece cómplice de la situación. Casi me pongo rojo tras ver su bonita sonrisa. Algo voy a tener que decirle antes de irme.

Me inclino para ver los de abajo y no parece haber nada interesante. Pero resalta un tomo grande, que con letras doradas parece ofrecer cómo cocinar algo. Presa de su encanto me agacho para verlo bien: Cómo cocinar humanos. No puede ser, pienso mientras se me escapa una carcajada. Lo saco del estante y le soplo el polvo. Lo miro desafiante, pero su título no cambia: Cómo cocinar humanos. Levanto la vista para ver a la dependienta, y ella me sonríe, pero yo ya estoy hipnotizado. Y vuelvo al supuesto libro de cocina.

La portada es más sorprendente todavía: presenta un hombre y una mujer de espaldas y desnudos, con muchas verduras y hortalizas flotando a su alrededor. Me parece un libro demasiado grande para tratarse de una novela o un libro de relatos. Lo abro más o menos por la mitad y al azar leo un fragmento:

 

“…para cocinar a un humano, se recomienda limpiarlo a conciencia (sin quitarle la piel), y más si desconoce qué tipo de alimentación ha recibido el sujeto en sus últimos días. Recuerde que la carne de humano y el cerdo tienen muchas similitudes, por lo que se recomienda no consumirla nunca cruda bajo ningún pretexto.

…La carne de la hembra es más tierna y jugosa, apta para todo tipo de cocidos; por contra, la del macho suele ser más tersa y dura, ideal para filetear…”

 

Bien, ahora sí que estoy alucinado. Noto fruncido mi entrecejo, así que levanto las cejas y sonrío sin demasiada convicción. ¿Qué clase de libro es este? Ojeo sus primeras y últimas páginas buscando una explicación, o por lo menos información del autor: nada. Paso las hojas y descubro, con cierto escalofrío, algunas ilustraciones demasiado detalladas para mi gusto: dibujos que mostraban cómo cortar y tratar diferentes partes de nuestra anatomía. Aquello ya me parecía una broma de mal gusto. Me paro en una sección dedicada a formas de darnos muerte:

 

“…Sin duda, existen muchas posibilidades, sin embargo, cuanto más rápida e indolora sea, mayor sabor tendrá la carne. Algunas de las más eficaces serían muerte por gas, electrocución, o golpe en la nuca…”

 

Mi lectura se interrumpe cuando noto un golpe en la espalda. Me vuelvo, dolorido, y descubro, indignado, que ha sido una mujer mayor al pasar detrás de mí. Lleva un carrito de la compra, una bata, unas gafas grandes de pasta, y el pelo ondulado. Vaya modales; para que luego digan de los jóvenes. La dependienta me mira pero ya no sonríe. Su piel se me antoja más pálida y sus ojos y boca están faltos de expresión. Parece una muñeca de porcelana observando imperturbable. Empiezo a preocuparme cuando veo cómo la mujer de la bata cierra, por dentro y con llave, la salida. Luego saca de su carrito un par de máscaras de gas y le da una a la chica. Sin prisa, empiezan a ponérselas. La abuela saca también un artilugio extraño, que me parece que no va a echar flores sino gas. Pero, cuando me miran de nuevo, ya no lo hacen de forma neutral: noto extrañeza en sus ojos cuando me ven sonreír y taparme la boca con la bufanda. Hoy va a ser un gran día y no me lo vais a joder, les digo.

 

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