DEJA QUE TE CUENTE (borrador)

*Quería dar las gracias -especialmente- a todos mis amigos que me leen incansables una y otra vez, me señalan alguna falta en el texto (que todavía se me escapan), y pueden contribuir con alguna pequeña idea. Muchas gracias.

 

DEJA QUE TE CUENTE

Todo empezó con una llamada telefónica de mi buen amigo el Dr. Michael. Mientras me hablaba a través del teléfono, lo noté demasiado nervioso, y además, no se pronunciaba como acostumbraba. Mucho me extrañó este hecho, ya que Michael era una persona muy sosegada; hablar con él era encontrar paz y tranquilidad, siempre tenía las palabras precisas para cada persona y circunstancia; casi nada lo sacaba de su centro. Pero, como ya digo, en esa llamada no parecía él mismo.

­­­-Ven esta tarde a mi casa del pueblo ¿Vendrás, verdad? -me insistía.

Me contó que se había recluido allí para pensar. Era la primera noticia que yo tenía sobre esa casa; nunca antes la había mencionado, pero eso ya es otra historia.

-Claro, Michael. Allí estaré.

-Muchas gracias. Eres un gran amigo, Howard.

Me dio entonces las indicaciones de cómo llegar a la casa y nos despedimos con la promesa de vernos esa misma tarde.

 

Llegué sobre las cinco de la tarde, tal y como habíamos acordado en nuestra conversación telefónica. La casa era de una construcción muy antigua, toda de ladrillo rojo, alta y con jardines ostentosos; todo ello vallado por una robusta verja negra. Paré el coche delante de la puerta metálica y pulsé el comunicador.

-¿Sí?

-Hola, Michael. Soy yo, Howard.

-¡Hola, Howard! Pasa por favor.

Se oyó un timbre quejumbroso y la puerta se abrió lentamente; en cuanto entré con el coche en el recinto volvió a cerrarse automáticamente. Aparqué cerca de la entrada principal. Cuando fui a llamar vi que la puerta ya estaba abierta. La empujé y eché una mirada dentro.

-¿Hola? -no obtuve respuesta.

-¿Michael? -insistí.

-Sí. Entra y cierra, por favor. Pasa al estudio y ponte cómodo; estás en tu casa -su voz provenía de otra habitación de la casa, sonaba distante y con algo de eco.

-De acuerdo -le dije levantando un poco la voz.

Tras una breve entrada en forma de pasillo se encontraba el estudio. Este me pareció un híbrido entre una consulta psicológica y una gran biblioteca. Toda la sala estaba llena de estanterías hasta el techo repletas de libros, y la sala era muy muy grande. Además de la puerta por la que había entrado pude ver otras dos más dispuestas a cada lado de la sala, ambas cerradas, lo cual me extraño bastante. En el centro del habitáculo descansaban dos sofás y un par de mesitas de café; y detrás de este pequeño rincón de lectura, una mesa de madera repleta de papeles, manuscritos, dosieres, carpetas y libros que cubrían por completo su superficie. Hasta encima de la silla se podían ver todo tipo de documentos. El suelo tampoco se libraba: pilas de libros y fajos de papeles amontonados por todos lados. Aunque todo aquello podría parecer algo caótico, algo me decía que también conservaba cierto orden.

Di una vuelta por la sala mientras observaba con curiosidad algunos de los pequeños objetos afincados en los pocos espacios libres de las estanterías que dejaban los libros. Había un pequeño barco de madera que me gustó mucho. Al darle la vuelta vi una pequeña inscripción: «con cariño para mi pequeño sobrino». Entonces me percaté de que empezaba a sentir algo de frío.

Michael estaba tardando en volver de donde quisiera que estuviese ocupado, así que me senté en un sofá y cogí el primer libro de una de las pilas cercanas a mí. Tentado estuve de llamarle pero me contuve y empecé a ojear el libro. Empatía, Howard, pensé. Eso sí, después de haber ojeado ya el tercer libro decidí que ya había esperado suficiente. Además, cada vez hacía más frío y estar allí asentado ya se hacía bastante incómodo. Abrí una de las puertas y apenas pude ver oscuridad. Reconozco que me dio incluso algo de miedo.

-¿Va todo bien, Michael?

-Sí -su voz continuaba escuchándose lejana.

-Michael, llevo mucho tiempo esperándote y…

-Tú ponte cómodo -su tono de voz, el eco y la distancia de esta no me tranquilizaron en absoluto-. Enseguida estoy contigo.

Volví al sofá pensando que quizás eran cosas mías; que quizás me faltaba algo de paciencia; que después de todo, no parecía que él se encontrara muy bien. Pero mi ego y el frío no me permitieron estar para nada cómodo. Me levanté y me puse a curiosear por el estudio. Miré algunas de las notas esparcidas por toda la mesa y fue entonces cuando los dos cajones, hasta ahora invisibles para mí, me llamaron la atención. Abrí uno y vi lo último que esperaría haber visto: una pistola. Miré nervioso en todas las direcciones y fijé mi vista de nuevo en aquella pistola. ¿Qué demonios hacía él con una pistola? Tranquilo, me dije. Abrí el otro cajón esperándome si cabe algo peor; pero no, sólo había unos folios y un par de sobres. Por pura inercia inspeccioné dentro de uno de los sobres, y vi en su interior una carta escrita a mano. Ya sé que no debía hacerlo, pero en este punto ya no pude evitar leerla.

 

“Querido Michael, soy Sarah.

Siento decirte esto por carta, pero no he conseguido reunir el valor necesario para mirarte a los ojos y decirte que ya no puedo continuar. Me marcho. Y aunque no te sirva de consuelo quiero decirte que no es culpa tuya; es enteramente mía. No me odies por favor. Sé que te mereces mucho más que esto y me siento muy mal por ello. Espero que algún día logres perdonarme.

Lo siento mucho, Michael.”

 

Una sensación de malestar me invadió todo el cuerpo. Dejé la carta en la mesa e instintivamente me llevé las manos a la cabeza. Dios, pobre Michael, pensé.

Cogí el otro sobre en busca de más información a la vez que miraba de reojo las puertas para no ser sorprendido. Encontré otra carta.

 

“Querido Michael, soy yo de nuevo.

Espero no molestarte pero es que estoy muy preocupada. Después de haberte enviado la carta hace días no he sabido nada de ti. Sí, ya sé que fui yo la que se fue, pero no me atiendes ni siquiera a las llamadas telefónicas. Creo que quizás podríamos hablar. Por favor dime algo.

Un abrazo, Sarah”

 

-Veo que ya estás al tanto, amigo mío -di un salto enorme al escuchar su voz esta vez tan cercana.

Aunque me asustó mucho el que me hubiera pillado infraganti, nada fue sin embargo comparado con el terror que sentí después al verlo…

Michael tenía la garganta cortada y de ella emanaba una pequeña y fina cascada de sangre. Todo mi cuerpo temblaba. Me quedé paralizado mientras intentaba encontrar una explicación razonable a lo que estaba viendo. Su ropa estaba manchada de sangre. Y lo peor… lo peor fue la forma en la que me miraba.

-Lo sé todo, Howard -horrorizado, abrí los ojos de par en par.

-Lo siento mucho, Michael -dije como pude-. No queríamos hacerte daño. Empecé a llorar involuntariamente. Quería echar a correr y no podía.

-Ya da igual, Howard. Hoy irás al infierno. Sarah ya está allí.

-¡Dios mío! ¡¿Qué le has hecho?!

Más por miedo, más por instinto de supervivencia que por odio, me abalance hacía a él. Todo mi cuerpo pasó a través de él y caí al suelo. No había sentido tanto miedo en toda mi vida. Me arrastré hacía atrás para alejarme mientras él simplemente sonreía.

Choqué con una de las puertas. Me levanté rápidamente, la abrí y eché a correr.

-De este día no pasarás, Howard -pude oír su voz con eco.

-¡NO! -grité mientras corría por aquel oscuro pasillo. Abrí la puerta al final de este y entré.

-¡Qué mierda…! -me quedé atónito mientras veía que había ido a parar a la misma sala. Fui directo a la otra puerta mientras pensaba en cómo podía estar pasando aquello, cómo podía haber vuelto al mismo estudio. Abrí, y de nuevo, un oscuro pasillo. Corrí hasta llegar a otra puerta. Y una vez más me encontré en la misma sala. Las lágrimas volvieron a escapárseme temiéndome ya lo peor. Daba igual las veces que intentará salir de allí; siempre volvía a la misma sala. Empecé a rebuscar por todo el estudio algo con lo que poder defenderme. Recordé la pistola. Todo aquello no podía estar sucediendo. No podía ser. No.

-Howard… -casi me había olvidado de él.

-Howard, de hoy no pasarás. -me repetía incansable. Yo no podía dejar de temblar y además me dolía todo el maldito cuerpo. Vomité violentamente. Mientras estaba en el suelo a cuatro patas volvió a mi cabeza la pistola. Estaba muy cansado y apenas pude ponerme de píe. Abrí el cajón y me volví hacía él.

-¡Déjame! ¡Vete!

-No, Howard -apareció de la nada enfrente de mí.

-¿Estás, estás… muerto?

-¿Tú qué crees? -me preguntó mientras se carcajeaba.

-¿Y yo?

-Todavía no. Pero no te queda mucho tiempo, amigo mío. Llevas horas dando vueltas y ni siquiera te has dado cuenta.

-¡No te acerques! -le apunté con la pistola mientras mis brazos apenas podían sujetarla. No me hizo caso y se acercó más. Cerré los ojos y oí como la pistola se disparaba. Los abrí de súbito y él seguía ahí mirándome. Ahora estaba a escasos centímetros de mí. Disparé de nuevo pero esta vez con los ojos abiertos; disparé dos o tres veces más y las balas simplemente le atravesaban.

-Ya no puedes hacerme daño. Acaba ya con esto, Howard.

-¡No!

-¡Hazlo o lo haré yo mismo!

Le disparé de nuevo y obtuve el mismo resultado. Ya no podía casi mantenerme en pie. Y sentí, mientras él ya no sonreía, como mi mano derecha dejó de responderme. Mi mano, en contra de mis deseos, puso la pistola en mi cabeza, en mi sien, mientras yo la miraba aterrorizado.

-Adiós, Howard.

Su cara fue lo último que vi antes de oír el último disparo. Y con este llegó por fin la calma y una profunda oscuridad.

 

Y así, desde ese día vago solo por esta casa sin poder salir. Supongo que es un castigo divino, o quizás una maldición, no lo sé. En todo caso, hacía mucho tiempo que no hablaba con alguien; te estoy muy agradecido.

-Entonces, dime, ¿qué te ha perecido mi historia, amable visitante?

Anuncios

2 pensamientos en “DEJA QUE TE CUENTE (borrador)

  1. Buff, ¡Qué pesadilla! Muy buen relato, con ese dominio del ritmo que es tu punto fuerte y ese “in crescendo” que tienen tus historias. Envidiable.
    Te dejo un par de sugerencias.
    1.” Más por miedo, más por instinto de supervivencia que por odio, me abalance hacía a él. Todo mi cuerpo pasó a través de él …” . Aquí el hacia él y a través de él no quedan bien tan juntos. Te propondría “Todo mi cuerpo le atravesó” así evitas la redundancia.
    2. A nivel de trama quizás la posición inicial de Howard es demasiado forzada. Él sabe desde el principio que se ha liado con la mujer de su amigo pero hay expresiones como ese “Dejé la carta en la mesa e instintivamente me llevé las manos a la cabeza. Dios, pobre Michael, pensé.” Howard no puede pensar eso salvo que sea muy cínico. Hasta aquí la narración nos muestra un Howard que lo desconoce todo cuando es evidente que no es así. Quizás lo revisaría para mejorar la verosimilitud del final.
    Un abrazo

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s