LA MADRUGADA DE ALICE (borrador)

-Muy bien, señorita Alice, hemos acabado. Gracias por emplear su tiempo en nosotros. En breve recibirá noticias nuestras.

Y así concluyó mí entrevista de trabajo. La interfaz holográfica se apagó y desaparecieron en un momento los miembros del consejo supremo. Años de investigación y duro trabajo dieron por fin sus frutos. Iba a conseguir escapar de la antigua ciudad por fin. Un trabajo a mi medida en la nueva ciudadela. O eso es lo que pensaba y quería en aquel momento.

Recuerdo el vacío en el estómago justo antes de que se proyectaran los miembros del consejo supremo. Sin embargo, todo transcurrió muy fluido y bordé la entrevista. Cuando salí de la neobiblioteca, que es el único sitio donde se permiten este tipo de comunicaciones, me sentí triunfante e increíblemente feliz. Mientras caminaba no podía parar de sonreír, y parecía que todas las personas con los que me cruzaba estaban en sintonía conmigo; era una sensación maravillosa. Todo era más bonito. Todo era más colorido. Todo emanaba felicidad.

Hoy, estoy en la cama acostada, bocarriba mirando al vacío. Y tengo muchas dudas. Hasta hace algunas semanas -justo antes de la entrevista- solo pensaba en salir de aquí. Salir de esta ciudad degenerada. La gente, en su mayoría, ya no se rige por un código moral. Se han perdido todos los buenos valores de nuestros antiguos, y pasear por las sucias calles cada vez se hace más peligroso. Las virtudes escasean. Desde hace ya muchos años no me siento en mi círculo de pertenencia, como si hubiera nacido en el lugar equivocado.

Dos días después de la entrevista en la neobiblioteca me llamo Cloe. Mi buena amiga Cloe, me ofreció un trabajo temporal de guía y profesora de niños. Y aunque yo me esforcé en recalcarle mi falta de experiencia, Cloe no me permitió una negativa. Argumentó que yo era perfecta para el trabajo y que solo sería para unas pocas semanas. Así que empecé a trabajar de profesora. Fue entonces cuando me di cuenta de ello; vi en los ojos de todos aquellos niños toda su infinita inocencia. Entonces, ¿cómo podrían la mayoría de ellos transformarse con la edad en criminales, delincuentes, y demás personas no gratas?

Me giré hacía la derecha y vi la espalda desnuda de Marco. Marco dormía como un niño acurrucado. Me acerqué y observe un momento su rostro. Me encantaban sus pestañas. Podía oír el leve sonido de su respiración. Le di un suave beso en el cuello y me levanté con cuidado. Eran casi las 6 de la madrugada según mi reloj. Reinaba un silencio absoluto. La habitación estaba casi a oscuras, salvo por la luz tenue que se filtraba por los agujeros de la persiana. Tenía bastante calor, a pesar de que solo llevaba puestas unas braguitas. Me fui al baño mientras dejaba escapar un buen bostezo.

Ayer Cloe me pidió que me quedara fija en el puesto de profesora. Me dijo que no me faltaría trabajo y me prometió un sueldo decente. Al parecer, la anterior educadora había contraído el mal de Ikaruso, por lo que iba a estar varios años recuperándose. Me contó que los chiquillos y el equipo docente estaban encantados conmigo. Dicen que todo sucede por algo, con algún propósito específico, aunque nosotros no podamos verlo. Quizás sea esta mi oportunidad de mejorar las cosas desde abajo, aportando mi granito de arena. Me sentía responsable de aquellos niños.

Luego estaba Marco… Me había enamorado de él, y mucho. Hacía que me sintiera como una adolescente. Y ayer, justamente ayer, mientras hacíamos el amor abrazados, me dijo que me quería. Me dijo que me quería y que nadie me querrá jamás como lo hace él. ¿Cómo hacer caso omiso a esa declaración?

Dejé el cartón de leche y cerré con el pie la nevera. Me sobresaltó el sonido del comunicador. ¿Quién llamaría a estas horas?

Al otro lado se oyó la voz de una mujer amable y madura. Tenía una voz muy agradable.

-¿Señorita Alice?

-Sí, soy yo.

-Soy la secretaria de asuntos exteriores del consejo supremo. Mi nombre es Victoria.

-Dígame pues, Victoria.

-Su solicitud de trabajo ha sido finalmente aceptada. Enhorabuena. Le informo de que en dos días se le enviará un transporte para…

-Disculpe, Victoria.

-¿Sí?

-Aunque estoy muy agradecida, creo que debo rechazar su oferta.

-Alice, ¿está usted segura de ello? En mis veinte años de experiencia nunca nadie había declinado semejante oferta. Piense que es un honor que le concedan este puesto.

-Lo sé, lo sé, créame. Siento un enorme agradecimiento para con los miembros del consejo. Sin embargo, aunque parezca una locura, ahora sé que mi sitio está aquí.

-Está bien, Alice. Le deseo entonces la mejor de las suertes.

-Gracias, Victoria.

-Tenga usted buen día.

-Tenga usted buen día también.

Colgué. Me fui sonriendo hacia la habitación. Marco todavía seguía durmiendo en la misma postura. Me eché junto a él y lo abracé suavemente. Tenía la piel muy suave, y desprendía un calor muy agradable. Poco a poco lo fui apretando más y más hasta que lo desperté sin querer.

-Hoola, cariño –me dijo sonriendo.

-Buenos días, cuore. Perdona que te haya despertado…

-Te veo de muy buen humor –en ese momento ya tenía su mano en mi cachete izquierdo.

-Sí… Marco, ¿te vienes a vivir conmigo?

No dijo nada, me respondió con un buen beso.

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