EL GATO, LA OREJA, Y LA MADRE QUE LO PARIÓ (borrador)

 

Dios, no sé lo que me han dado, pero funciona de maravilla; ya casi no me duele nada. Tres días, tres días me ha dicho la enfermera que he estado en coma. Del accidente ni me acuerdo. Sólo sé que estaba conduciendo justo muy cerca de este hospital. Pero bueno, es lo que me ha dicho la enfermera, hay que ser positivo, que de todo sale algo bueno. Que gusto que me hayan puesto al lado de la ventana. Me encanta como entra sutilmente el sol, acompañado de esta suave y fresca brisa. Y me quedo emparrado mirando cómo se mecen las cortinas por la brisa. Me encanta. Joder, me parece que estoy colocado.

¿Qué es eso? Acaba de entrar un gato por la gatera. ¿Y por qué hay una gatera en la puerta de la habitación de un hospital? ¿Qué tiene en la boca? ¡¿Eso es una oreja?! ¡¿Qué hace el gato este con una oreja?! Alguien tiene que avisar a alguien y yo no puedo hablar. Y ahora se pasea por la habitación como si nada. A mí no te me acerques. Eso, vete por la ventana. Adiós. Me parece que alguien va a echar de menos una oreja. Vale, seguro que estoy demasiado colocado.

Hostias, de esto puedo sacar una buena historia seguro. De cómo el protagonista pierde una oreja. Ya está, un relato de mafiosos. Martin, eso, Martin le debe dinero a… no se me ocurre un nombre ahora mismo que no sea Capone. Vale, Ruso. Ruso sonríe mientras mira con desprecio a Martin. Martin, está atado de pies y manos en una silla y suda como un cerdo. Tiembla, tartamudea y suda. Ruso está acompañado por dos tíos como armarios, y tienen una mirada inquisitiva.

-Buenooo, Martin, aquí estamos por fin.

-Ruso déjame que te explique… Yo…

-Martin… Te dije que este era el último aviso, ¿verdad? Si falto a mi propia palabra cómo crees que me verán estos mis dos buenos amigos, dime. No me tendrán respeto, Martin. Eso es lo que pasará. Y para mí el respeto es muy importante entre los amigos. ¿Dónde está el dinero?

-¡Sólo una semana! ¡Dame una semana y te lo daré todo! ¡Lo juro!

-No sé, hombre. Has faltado a tu compromiso. ¿Cómo puedo ahora fiarme yo de ti?

-¡Te juro que tendrás todo tu dinero, Ruso!

-Supongamos que nos fiamos. ¿Eh, chicos? –los armarios asintieron al unísono- Tendrás entonces que darme un aval. Ya sabes, formalidades del contrato.

Y entonces Ruso le enseñó a Martin una especie de cuchillo jamonero. Era grande, fino y largo, y reflejaba de manera poderosa la luz, parecía incluso que pudiera cortarla.

-¿Has cortado alguna vez carne, Martin? Me refiero profesionalmente, como un carnicero.

Martin negó nerviosamente con la cabeza, se podía leer el miedo en su mirada.

-Pues es un gusto. En serio. Es como una especie de arte. Aquí mi buen amigo Bob te va hacer una buena demostración.

Uno de los gigantes se acercó con el cuchillo a Martin. Le cogió bruscamente por la cabeza inmovilizándolo. El otro, puso el cuchillo encima de su oreja derecha, justo donde se une al cráneo. Con la otra mano estiraba con fuerza de la oreja.

-¡Ruso, espera! ¡Escucha…!

Bob hizo un corte limpio. Martin empezó a sangrar de forma abundante mientras chillaba y saltaba con la silla incluida.

-¿Ves, Martin? Ya tengo mi aval. Tienes dos días antes de que necesite otro.

 

Me gusta, me gusta. Espero que no se me olvide después de que se me pase el subidón. Se me está ocurriendo otro. Un tío está en la cama. Eso, en la cama desnudo y atado; las manos en el cabezal, y las piernas abiertas y atadas a las patas de la cama. Justo cuando cree que la chica lo va a devorar vivo, que le va a hacer enloquecer, que va hacer realidad sus más profundos deseos, ella saca unas tijeras. Empieza a abrirlas y cerrarlas de forma provocativa. Él mira extrañado.

-¿Qué haces, Laura –le dice-?

-¿Recuerdas que te dije que te perdonaba por liarte con tu secretaria?

-Sí…

-Mentí.

-Vale, Laura, esto ya no tiene gracia.

-¡Eres un hijo de puta!

-Escucha…

-¡Cállate!

-Laura, por favor, escucha…

-¡Qué te calles!

Laura se acercaba a él, deslizándose poco a poco como una gatita mala. Hizo una parada a la altura de la pelvis de Martin. Laura levantó la cabeza, le miró y sonrió con desprecio. Martin no pudo evitar la erección.

-¡No! ¡No! ¡No la cortes joder, no!

-Tranquilo, no es eso lo que te voy a cortar, le tengo demasiado aprecio, Martin.

 

Vale, aunque está quedando bien, me gusta más la historia de los mafiosos. Ya veremos. Anda, tengo una nueva visita. No parece un celador, será el médico.

-Hola Frank, soy el Dr. Alonso. ¿Cómo estás esta mañana? Tranquilo, no te esfuerces; no podrás hablar todavía en un par de días. Estás evolucionando muy bien y se te ve de buen humor, eso es importante. Según leo aquí tienes fracturas en ambas piernas, cinco costillas rotas, y ambos brazos también fracturados. Como ya te digo, todo está evolucionando muy bien, y con la rehabilitación adecuada, en pocas semanas podrás hacer una vida medio normal. Luego hay que decidir el tema de la prótesis.

«¿Prótesis?, ¡¿qué prótesis?! ¿Qué dice este hombre?»

-Lamentablemente no hemos encontrado la oreja, Frank. Pero las últimas tecnologías nos han permitido crear una serie de prótesis muy cómodas y discretas. Casi no se va notar que te falta una oreja, ya verás.

«¡La madre que parió al gato de los cojones!»

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