Tuberculosos (último borrador)

Tuberculosos

La madre de Javi llamó a mi vecina por teléfono preguntando por mí. Nosotros no teníamos teléfono; estábamos en muchos aspectos atrasados unos 10 o 20  años, tecnológica y puede que psicológicamente. Mi vecina asomó la cabeza por la puerta, que nunca se cerraba durante el día,  y pareció estar un poco asustada. Apenas entró y nos dio la noticia.
—Tenéis que llevar a Simon al médico inmediatamente.

—¿Por? —preguntaron mis supuestos padres sin apartar la vista del televisión.

—Su amigo Javi ha cogido la tuberculosis.

—¡Me cago en la puta hostia! —contestó el hombre de la casa al tiempo que se alejaba de un salto de mí.

Así que esa misma tarde estábamos en urgencias. Me hicieron unas pruebas rápidas y también me sacaron un par de veces sangre. El médico nos comentó de que era harto improbable que me hubiera contagiado, que no presentaba síntomas y que estuviéramos tranquilos; naturalmente a ninguno consiguió convencernos. Pero bueno, nos fuimos a casa y seguimos con la misma rutina de siempre.

A día siguiente fui a ver a Javi. Me recogió su madre de casa y me llevó allí. Su madre me parecía un mujer muy amable, lista y simpática; un modelo contrario a lo que yo estaba acostumbrado. Javi estaba acostado en una típica cama de hospital. A mí me parecían tétricas.

—¡Hola, Simón! —me saludo ladeando un poco la cabeza.

—Hola, tío. ¿Cómo estás?

—Bien —dijo mientras se percataba de que yo le estaba mirando la mascarilla.

—No te preocupes por esto; lo llevo por mí: en mi estado sería peligroso si pillara hasta el más mínimo resfriado. La mierda esta me ha dejado hecho polvo.

Me pareció que era cierto, pues, desde la última vez que lo vi, antes de irse de vacaciones de verano, había perdido varios kilos. Y su cara era la cara del cansancio personificado.

—¿Quieres tomar algo, Simon? —me preguntó su madre mientras le arreglaba la cama a Javi.

—Con agua será suficiente, muchas gracias.

—Voy a traeros algo de merienda —dijo como si no me hubiera escuchado, salió del cuarto sonriendo.

—Oye, Javi, ¿no ha venido a verte Raimundo?

—¡Que va! Ya sabes como es su madre; seguro que lo tendrá encerrado bajo llave. Y él mismo estará bastante cagado —añadió riéndose.

Nos reímos juntos de buena gana aunque yo estaba bastante cagado, también.

—Tío, he perdido medio pulmón izquierdo.

—Joder.

—Y he vomitado sangre, con trocitos de carne. Yo creo que eran trozos de pulmón.

—No jodas —Él asintió.

—No jodas —repetí.

—Sí.

Ambos nos quedamos mirando la pequeña televisión de 14 pulgadas colgada de la pared.  Salía un hombre vendiendo algo para trocear fruta. Debajo de esta descansaba una Supernintendo.

—Al menos dicen que saldré bien de esta —dijo sin apartar la mirada del aparato.

—Claro, joder. Hoy en día la tuberculosis es una tontería de enfermedad —Pero eso no evitaba que yo tuviera una cantidad considerable de miedo.

—Pasaré aún un mes de reposo y recuperación. Bueno, jugaré a la consola.

Su madre volvió con la merienda y estuvimos un rato más hablando. Luego, me fui deseándole una pronta mejora y le prometí que volvería a visitarle pronto.

Esa misma tarde teníamos cita para recoger el resultado de las pruebas. El médico nos confirmó que estaba libre de toda sospecha y algo sobre que tenía un anemia bastante grande. El padre de familia no puso buena cara ante aquel comentario. Por la calle, de camino a casa le pregunté.

—¿La anemia es una enfermedad?

Él andaba por delante de mí, a unos dos metros de distancia.

—¿Porqué lo preguntas? —me dijo sin volverse siquiera.

—Cómo escuche al medico decir que yo la tenía…

Entonces, no sabía muy bien porqué, me dio una bofetada que me paró en seco. Lo miré sin comprender, con los ojos lagrimosos, la cara palpitando, roja y dolorida.

—No vuelvas a decir que tú tienes anemia o que estás enfermo. ¿Está claro?

Asentí débilmente, y no se volvió a mencionar nunca más.

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Absolutamente todo (poema inédito)

Al paso que voy, mi segundo poemario saldrá mucho antes de lo que esperaba. Pues nada, ¡alegría!

 

Absolutamente todo

Cientos de ángeles cayendo

bajo la espada implacable

de Lucifer;

estrellas moribundas

que se colapsan

para esparcir su semilla

a cambio de nada;

inteligencia artificial

que, nada más despertar,

llora por la inhumanidad

del ser humano, de su padre,

del creador;

células que se transforman,

que se multiplican

y colaboran entre sí

en una hermosa sinfonía

para crear una nueva vida,

un nuevo y precioso milagro;

meteoritos,

fríos y temblorosos,

que pasan rozando, acariciando

a la Tierra,

pero perdonándola

al fin y al cabo…;

 

todas y cada una

de las partes

de una flor.

 

todo esto

y mucho más

podría yo darte,

 

pero primero

tendrías

           tú

 

que existir.

Ya veremos

Un nuevo poema (aunque fue escrito hace ya un tiempo). Y sí, ya lo sé, no es positivista.

En breve, muy breve, subiré algunos de los descartados de Soy de color transparente. Quién sabe, lo mismo a alguien le gusta alguno y todo.

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69 libros leídos en 2017 (más microrrelato de regalo)

Sí, lo sé; acabo de publicar un nuevo libro (mi segundo) y, en vez de hacer promoción a muerte, estoy aquí hablando de los libros que tuve el enorme placer de leer: así soy a veces.

Permitidme listar simplemente (ah, los adverbios) los títulos, que para mí es una cosa muy práctica y útil. Por último justifico esto añadiendo que yo elijo muy muy bien el 90%  de mis lecturas; osease que todos son lecturas muy recomendadas desde mi punto de vista.

Al final me permito (vaya) poner un antiguo microrrelato que estoy pensando añadir en Fragmentos de Frank Vol.2.

Por cierto, mi nuevo libro se llama Soy de color transparente y lo podéis encontrar -al menos teóricamente- en las mejores librerías.

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Libros leídos en 2016

*Más vale tarde que nunca, dicen.

Libros leídos en 2016

Me disculpo de antemano por las etiquetas que voy a aplicar a algunos de los títulos listados; ya sabéis, solo se trata de mi opinión personal. No comentaré todos, algunos por ser demasiados conocidos, y otros a saber porqué.

De enero a junio:

Sala número seis, de Antón Chéjov. Regusto amargo se me quedó al terminar esta pequeña novela -o relato largo-. Ahora, eso sí, está muy bien escrito.

Cuentos taoistas. Bellísimo.

American Goods, de Neil Gaiman. Te quiero, Gaiman.

Pregúntale al polvo, de John Fante. Brutal.

La máquina del tiempo, de Herbert George Wells.

Se busca una mujer, de Charles Bukowski.

Amanecer, de José Antonio Cotrina. Un relato que deja huella. De lo mejor que he leído a nivel nacional.

HicSunt Dracones, de Tim Pratt. Con este libro Pratt se convirtió en uno de mis autores favoritos (de este género), así que me recorrí la web en busca de posibles relatos en español por leer. Necesito más.

Cartero, de Charles Bukowski.

Cuentos para Argelnon III. Sigue leyendo